Envíanos tus apuntes y los convertimos en material profesional personalizado y hecho a medida.

Si estás preparando unas oposiciones o ya trabajas en la administración pública, es normal que te surja la duda:
¿qué diferencia hay entre un funcionario de carrera y un interino?
Ambas figuras forman parte del empleo público, pero sus derechos, estabilidad y formas de acceso no son iguales. En este artículo te explicamos de forma sencilla y actualizada qué distingue a un funcionario de carrera de un interino, sus ventajas, desventajas y cómo pasar de interino a fijo.
El funcionario de carrera es aquel que ha superado un proceso selectivo oficial de oposición o concurso-oposición, ha sido nombrado por la Administración y tiene una relación permanente con ella.
Esto significa que posee plaza fija en propiedad, lo que le otorga estabilidad laboral, derechos consolidados y posibilidades de promoción interna.
El funcionario interino es aquel que ocupa temporalmente un puesto reservado a un funcionario de carrera, sin haber superado todavía la oposición.
Su nombramiento responde a necesidades urgentes o temporales de la Administración, como bajas, vacantes o acumulación de tareas.

En la mayoría de los casos, ambos perciben un salario muy parecido, ya que la base retributiva depende del grupo (A1, A2, C1, C2).
No obstante, los funcionarios de carrera disfrutan de complementos adicionales como trienios, carrera profesional o incentivos por antigüedad, por lo que a largo plazo su sueldo es superior.
Si actualmente trabajas como interino y quieres consolidar tu plaza, debes presentarte a la oposición correspondiente.
En algunos procesos (como los de estabilización de empleo público), se valoran los años trabajados como interino, lo que aumenta tus posibilidades de obtener una plaza fija.